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Crítica / Crónica  de  PIROART.COM - portal de pirotecnia

FECHA.disparo: 09/09/2017 / Publicación: 09/09/2017
Espectáculo: Piromusical, espectáculo Buscar más de este CONTENIDO : Texto
CERTAMEN: Sueca
EMPRESA: Ricardo Caballer
Diseñador: Caballer Cardo, Ricardo
ÍNDICE: Artículo: 2020 / Disparo: 3520
Importancia: de Archivo / Portada: Verdadero
Contenido: Texto
Firmado en:

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  Sueca (Valencia)
Firmado.por: García Riera, Ramón
 
Profundo triunfo en Sueca
Crítica de Ramón García Riera, del gran piromusical de Ricardo Caballer en Sueca 2017

Momento cumbre de Ricardo Caballer en Sueca 2017.

Crítica / Crónica  de García Riera, Ramón (PIROART.COM - portal de pirotecnia)

Ricardo Caballer ha triunfado en Sueca. Pero no nos equivoquemos: esta primera frase no contiene una afirmación laudatoria vacía, hueca, de esas que los medios de comunicación (los pocos que se dignan) sacan del baúl para despachar por compromiso el espectáculo pirotécnico de turno. Que 'Ricardo Caballer ha triunfado en Sueca' es una afirmación totalmente cierta, aunque pueda sonar repetitiva cuando nos referimos a una pirotecnia que parece vivir en un permanente estado de gracia, según nuestro diccionario académico, un 'estado especial de inspiración, de lucidez o acierto en que alguien se encuentra'.

Y pudiera parecer por esta definición que se trata de un momento efímero o transitorio, pero no: Ricardo Caballer lleva ya un tiempo instalado en este estado sublime. ¿Sublime? Hiperbólica palabra. Pues sí, con este adjetivo se define a la persona que cultiva algún arte o técnica con grandeza admirable; en este caso, la modalidad piromusical, acaso la más compleja y exigente del arte pirotécnico, pues en ella se conjugan la plástica y la música en una representación estética que requiere de una técnica avanzada (el disparo digital y todo su aparataje) y, además, y esto es lo más complicado, la inspiración y el acierto del que antes hablaba: ese estado de gracia que convierte al artista en un creador sublime, que sale de lo rutinario, de lo consolidado, de aquello que ya domina, para darle un última vuelta de tuerca más y superarse a sí mismo. Eso es lo que hizo Ricardo Caballer en Sueca: superarse. Y lo hizo añadiendo aciertos estéticos, brillantes ideas plásticas con las que dibujó su arte en el lienzo efímero del cielo.

Quizás el mejor ejemplo, verdadero momento culminante de la noche, fuera esa composición en la que fue añadiendo pinceladas de blanco al ritmo de la música tecno: primero, desde lo alto de las grúas (eje vertical), después, en todo el frente de disparo (eje transversal) y, por último, de delante hacia atrás sobre el campo de césped (eje frontal), creando un efecto visual de profundidad sorprendente, logradísimo y emocionante, que sostuvo durante unos pocos segundos para deleite de los que allí estábamos. Quizá esta sea la ocasión en que nunca nadie, en tiempos modernos, haya logrado evidenciar tan bien la sensación de profundidad con pirotecnia. Sólo ya por esto eso fue lo mejor de la noche: porque resultó lo mejor nunca realizado antes a este respecto de dominar tan bien un "hueco" escénico en un disparo creando una creciente sensación de 'abarcar'. Y lo físicamente lo abarcó, claro, pero sobre todo lo valioso es que tal y como lo hizo 'inspiraba' espacio.

Otro buen ejemplo fue la secuencia de la banda sonora de la película “La la land”, en la que una vez más pudimos intuir el teclado del piano dibujado por los monotiros en cada pulsación de tecla, en una técnica que ya conocíamos de años precedentes, pero que quizás en esta ocasión alcanzó su máxima depuración y limpieza. También en esta coreografía (y en otras a lo largo del espectáculo) pudimos ver fantásticas fachadas de varias alturas, compuestas la mayoría de las veces por dibujos simétricos preciosos, en los que arcos de meteoros o espigas englobaban a otros efectos más abajo, mientras en lo alto se abrían carcasas de gran calidad.

En otros momentos, sin embargo, entró en juego la asimetría de forma magistral, acompañando a los vaivenes de la música. La asimetría también es bella, no cabe duda. Y, por último, destacaré el comedido y acertadísimo empleo de las tres grúas. Los efectos circulares, pero, sobre todo, las rápidas ráfagas horizontales imprimieron un dinamismo extraordinario a algunas de las secuencias y complementaron lo que ocurría más abajo, en un brillante juego de superposición de capas de fuego en diferentes planos. 

Estos detalles (y otros que no glosaré) son la vuelta de tuerca a la que antes me refería, porque cuando vas a ver un piromusical de Ricardo ya sabes que va a exhibir un material de gran calidad, sabes que clavará el ritmo de la música acompañándola con todo tipo de artificios con una precisión milimétrica. Lo sabes, lo esperas y lo exiges. Eso, a estas alturas,  ya está claro. También sabes que habrá momentos concretos que te gustarán más o menos, que te emocionarán más o menos, según las interpretaciones se ajusten a nuestras propias representaciones mentales de esa combinación entre lo plástico y lo musical, eso también lo sabes, pues asistes a la personalísima interpretación del autor. Pero aun sabiendo todo esto, es extraordinario comprobar cómo este pirotécnico tiene la decidida voluntad, el empeño obstinado de superarse, de sorprendernos y de emocionarnos en las ocasiones especiales, esas que tanto le gustan, emocionan y quedan grabadas en la retina. Y por eso, por mi parte, solo puedo darle las gracias, infinitas gracias por hacerme disfrutar tanto en Sueca 2017.
 

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Próximamente.

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REPORTAJE FOTOGRÁFICO

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