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La casa pirotécnica alavesa Valecea, que se estrenaba anoche en Tarragona, tuvo buena noche y una brisa suficiente para hacer desaparecer el humo del cielo pero no la suerte suficiente para que el disparo les saliera como ellos querían. Según contaron después del espectáculo, por lo visto ya nada más comenzar, se dieron cuenta de que la consola electrónica con la que disparaban no les marcaba correctamente los siguientes tiros.

Esto, desde el punto de vista del espectador, no hubiera trascendido si no fuese porque se notó, principalmente, que las piezas acuáticas salieron desordenadas, cuando no tocaban y de forma algo anárquica: les tuvieron que dar fuego a mano (directamente con la mecha) porque no respondían al disparo eléctrico que tenía que encenderlas. Así, durante el desarrollo del castillo, uno de los pirotécnicos fue prendiendo, según podía, las mechas de iniciación de estas piezas.

Tuvieron otro problema con las ruedas que debían haber ascendido poco a poco y flocar (abrir de lado) en lo alto: las que directamente no explotaron abajo flocaban antes de tiempo. Y algunas piezas que iban muy altas tenían falta de porte en el efecto que ejecutaban: debían abrir más o mejor o ir más abajo. Los problemas de disparo muy probablemente expliquen también el tiempo muerto llenado sólo con incendios rojos en el suelo. Fue evidente que se trastocaron varias cosas respecto al orden previsto en el diseño de los de Álava.

Es diferente el caso, por ejemplo, de las farfallas, que es un artificio que Valecea fabrica especialmente bien. Abrían muy bonitas (algunas con centro) y los rodadores se movían muy bien. La espectacular y preciosa lentejuela dorada de copo, llenaba y duraba mucho, pero quizá hubiera quedado mejor no habiéndola mezclado con otro oro diferente de menor calidad.

Los primeros focos de caída en cascada, que luego tronaban, eran de un rojo absolutamente llamativo, sí, pero fueron seguidos de otro rojo ya, comparativamente, más pobre. Las medusas se mezclaron en el cielo de dos en dos, aún habiéndolas podido disparar sueltas porque eran muy bonitas. Lo que más aplaudió el público, y con razón, fue la fachada de oro a varias alturas.

Y el golpe último de truenos, en tres columnas, además sin titanio, se separó demasiado del cuerpo del bombardeo de color que le precedía.

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REPORTAJE FOTOGRÁFICO

PIROART.COM les ofrece las mejores imágenes de este disparo (en estricto orden cronológico de lanzamiento):

 

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