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Crítica / Crónica  de  PIROART.COM - portal de pirotecnia

FECHA.disparo: 17/03/2015 / Publicación: 17/03/2015
Espectáculo: Mascletà Buscar más de este CONTENIDO : Video
CERTAMEN: Fallas
EMPRESA: Hermanos Caballer
Diseñador: Caballer Villacañas, José Vicente
ÍNDICE: Artículo: 1906 / Disparo: 3196
Importancia: de Archivo / Portada: Falso
Contenido: Video
Firmado en:

Espa%F1a+%2F+Spain

  Valencia
Firmado.por: Soriano Tarín, Víctor
 
17ª mascletá (de 19) de las Fallas 2015, de Hermanos Caballer
14h del martes 17 de marzo de 2015. Plaza del Ayuntamiento de Valencia

Crítica / Crónica  de Soriano Tarín, Víctor (PIROART.COM - portal de pirotecnia)

Hermanos Caballer ha llegado a la plaza presentando un espectáculo fiel a su estilo: rotundo y potente. Han arriesgado con un inicio y final totalmente digitalizado disparado desde todo el perímetro. En esta parte han empleado efectos de cartuchería de fabricación propia de muy buena calidad: silbatos, chicharras, relámpagos y serpentinas de varios calibres.

En el inicio se han hecho efectos de llamada respuesta desde los diferentes lados de la plaza jugando con las repeticiones de serpentinas y trueno de diverso calibre. En los momentos iniciales se han añadido efectos de relámpago que participaban de este diálogo cambiando su color. También se han podido ver algunos crosetes con pedrería que han seguido con una parte que iba ganando intensidad hasta llegar a un marcaje limpio y bien ejecutado que ha dado paso al fuego en tierra.

El cuerpo de la mascletá ha sido potente. Prácticamente desde el principio se han empleado truenos del seis que pautaban el ritmo a modo de antigua cantarella. Mientras, en el cielo, las candelas disparaban un continuo flujo de serpentinas y silbatos, que pasarían a ser chicharras más adelante. El fuego aéreo era denso, pero más lo era el que se disparaba en tierra de manera que, para nada, quedó desproporcionado.

Al llegar a la última retención, que se había dispuesto doblada para poder albergar la gran cantidad de material con el que venía, además del punto de candelas que había acompañado todo el disparo, se hizo intervenir un corrido progresivo desde todo el perímetro de la plaza. Ya puestos a digitalizar la parte aérea de esta retención, algo que me parece acertado, se podría haber prescindido del acompañamiento tradicional quedando todo integrado en las rodadas perimetrales.

El terremoto entró muy suave. El estopín avanzaba parsimonioso y los truenos espoletados iban estallando tras él. La fusión con el cuerpo del disparo fue buena aunque quizás se echó de menos que los ramales incorporaran intercalado, algún trueno de mayor calibre que sustituyera a los grandes truenos que se habían disparado durante los minutos precedentes, es decir, a los que hacían de cantarella que he nombrado.

Cuatro pasadas tuvo. Fue largo. Quizás en exceso. Todo él estuvo acompañado por fuego aéreo de serpentinas muy bien entonado con el digital que se había disparado durante la última retención. El final de la última pasada se había reforzado con truenos de mayor calibre llegando, en los tres últimos de cada ramal, a poner del seis. A pesar de esto, la cadencia de esta pasada, antes de llegar ahí, quedó un poco mortecina, agónica, como si le costara llegar al final. Final en el que, efectivamente y por fin, esos truenos mayores sí sonaron elevando el final del terremoto por encima del resto, funcionando esto muy bien.

Ahora, como bombardeo, una nueva y compleja creación digital desde todo el perímetro. Primero serpentinas tras las que vino un potente bombardeo de trueno perimetral. Tras él, y sin pausa, una nueva tanda de serpentinas, ahora de mayor calibre, potentísimas, creciendo su intensidad hasta llegar a su cénit. Cerrando, un golpe de trueno, potente y compacto, hermético, sí, pero que quizás, quedó poco rotundo tras el altísimo nivel sonoro alcanzado por las serpentinas previas.

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Texto publicado en la columna de crítica 'EL ANÁLISIS' de la mascletá, en las ediciones en papel y web del Diario Levante-EMV (líder en difusión y ventas en la Comunidad Valenciana), del que el director de este portal es crítico de pirotecnia desde 2014:

Mikel Pagola Erviti (Diario Levante-EMV)

Gran Reserva

Imagínese que usted nace en Valencia, es hijo de pirotécnico y que se apellida Caballer. ¿Qué se espera de su persona? A su nombre de pila le siguen siete letras que han marcado, y marcan, la fiesta de las Fallas (obvio) y también la historia de la pirotecnia mundial. Y la marca es a fuego, claro. Pero, en esta profesión, uno no puede vivir sólo de herencia. ‘Caballeres’ hay muchos, sí, pero todos familia. Estos son hermanos. José Vicente y Jorge Caballer Villacañas. Hijos de Pepito Caballer y sobrinos carnales de Vicente. Sobrinos segundos y primos de los Ricardos. Con todos estos datos se le presupondrá, según el árbol genealógico y su DNI, que usted tiene pedigrí. E imagine que, además, a usted realmente le gusta la pirotecnia. "No sabríamos hacer otra cosa", exageraba ayer el mayor de los Hermanos Caballer.

A partir de aquí, lector, le tutearé. Permítame. Resulta que subes este año a la nueva ‘rueda’ (que ya no la hay, pero vamos, que me refiero a los días grandes), y tienes que defender tu casa (fábrica), tu apellido (el Caballer), y tu nombre, tu estilo, tu personalidad. Y arreas una mascletá que terminará enorme, redonda, preciosa, habiendo empezado con una simple traca valenciana. Se te nota que te gusta lo actual, el fuego moderno. Lo usas para hablar en una punta de la plaza en verde y responderte en otra en rojo, en el aire. Metes dos actores más, ahora en los laterales: en Correos primero, y en Ayuntamiento después.

Luego Sur, Norte y Correos, de nuevo. Manejas este recurso como quieres y lo entendemos porque los actuantes declaman con entonación, en tiempo y forma. Cierras, con un ‘broche’, es decir, con un gesto más suave y armado que un simple marcaje: con truenillos en dos tiempos. Y bajas a tierra. Ahí, en una mascletá parsimoniosa, tras aquella ‘presentación’ digitalizada, ofreces un fuego con reminiscencias antiguas, embriagado de efectos en cantarella que, de dos en dos, riegan el ritmo con detonaciones más fuertes gracias a tus ‘botellas’ (golpeadores). Con ellas se emborracha de sabor añejo, dándole un toque de Gran Reserva.

El fuego de cuerdas es seco, puro, rotundo, y lo vas rellenando más según avanza. En el aire van truenillos y chicharras. En la última retención vuelves a modernizar y rodeas la plaza con volcanes de truenillos secuenciados que abrazan y subrayan, por arriba, la entrada fina, suave, elegantísima, a un largo terremoto que tocas, en su final, con la novedad de aumentar los calibres de los últimos truenos de esos catorce ramales que lo culminan. Y cierras, en un gesto técnico intachable, con un golpe aparatoso y hermético que resume, cual aroma, cual buqué, la historia de los tuyos, y tu presente.

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Video:

Pinche sobre la imagen superior para ir al VIDEO.

 

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Reportaje fotográfico:

Los hermanos José Vicente y Jorge Caballer Villacañas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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