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Crítica / Crónica  de  PIROART.COM - portal de pirotecnia

FECHA.disparo: 15/03/2014 / Publicación: 15/03/2014
Espectáculo: Mascletà Buscar más de este CONTENIDO : Ilustraci%F3n+fotogr%E1fica
CERTAMEN: Fallas
EMPRESA: Hermanos Caballer
Diseñador: Caballer Villacañas, José Vicente
ÍNDICE: Artículo: 1818 / Disparo: 2553
Importancia: de Archivo / Portada: Falso
Contenido: Ilustración fotográfica
Firmado en:

Espa%F1a+%2F+Spain

  Valencia
Firmado.por: Soriano Tarín, Víctor
 
15ª mascletá (de 19) de las Fallas 2014, de Hermanos Caballer
14h del sábado 15 de marzo de 2014. Plaza del Ayuntamiento de Valencia

Crítica / Crónica  de Soriano Tarín, Víctor (PIROART.COM - portal de pirotecnia)

Último fin de semana del ciclo fallero y llega el turno de Hermanos Caballer que este año han presentado un disparo que, sin perder el estilo e intensidad de la firma, ha resultado más elegante y refinado que los años precedentes.

Los hermanos Caballer, Jorge y Jose Caballer Villacañas, dieron fuego a su espectáculo con una de estas tracas que, a lo largo de estos días, he venido a llamar simbólicas, ya que realmente no encienden ningún artificio pero sí juega su papel de apertura sonora del conjunto. Tras ella comenzó el inicio aéreo que estuvo disparado en su totalidad digitalizado y desde todo el perímetro del recinto. Comenzó con una pasada de serpentinas de gran potencia, casi pequeños truenos. Fue un repique, en el aire, a la traca inicial. Creo que nunca antes visto: muy curioso.

Tras esta pasada inicial siguió una coreografía sencilla y efectista que se repitió en tres ocasiones, algo muy positivo porque permite al público comprender e incluso prever lo que va a ocurrir, pero que además tuvo pequeñas variaciones en su esquema que dotaron de singularidad a cada repetición. Se hacía un giro completo a la plaza con volcancitos de color y efecto de cracker. Tras ellos se disparaba una rápida rotación de trueno con relámpago en el aire, dibujando un anillo perfecto. Ese movimiento se repetía en el suelo con relámpagos del mismo color y, tras ellos, una rápida rodada de trueno.

Continuó el disparo con un goteo secuenciado de serpentinas y cracker al que se sumaron silbatos que se sustituirían, más tarde, por chicharras. Se incorporaron truenos en el aire, ganando cuerpo el conjunto hasta llegar a una rápida pasada de serpentinas seguida de varias rotaciones rapidísimas de trueno en el suelo, con golpe final incluido, que dieron paso al cuerpo central del disparo.

Este cuerpo estaba formado por cinco retenciones que engordaron correctamente. La primera fue pausada, como debe ser, pero rápidamente el cuerpo cogió fuerza e incrementó su intensidad y potencia intercalándose truenos del seis que marcaron perfectamente el ritmo del disparo sin llegar a descomponerlo. Quizás, lo más plano de esta parte fue el acompañamiento aéreo. Desde la primera retención se hizo con chicharras y serpentinas y, aunque sí se incrementó su cadencia, el continuo y homogéneo rugir de las chicharras resultó algo monótono. En la última de las retenciones, que iba doblada y con veintiséis grupos (seis de ellos del seis), el acompañamiento aéreo se intensificó con rotaciones de volcanes digitalizadas desde todo el perímetro.

La entrada al terremoto se hizo mediante inflamadores eléctricos, sin mecanizar con la última retención, pero con continuidad física con la misma. Es decir, prendió junto a los últimos truenos de la retención por lo que no hubo salto físico ni sonoro. La entrada estuvo acorde con el intenso fuego que venía del cuerpo terrestre así, aunque fue fuerte, no resultó evidente ni molesta. Quemó el terremoto en cuatro pasadas (5, 7, 9, 14) de ramales con trueno espoletado creciendo correctamente hasta llegar a la última.

Hay que destacar que todo el terremoto estuvo acompañado por fuego aéreo disparado desde el extremo sur de la plaza. Este acompañamiento estaba formado por candelas de serpentinas cuyo efecto quedó absorbido acústicamente por el grueso del fuego terrestre. Es encomiable esta voluntad de aderezar esta parte final del disparo con fuego aéreo aunque quizás otro efecto más vistoso habría engalanado mejor el terremoto.

El final fue totalmente digitalizado. Chicharras y serpentinas de gran potencia abrieron el cuerpo que creció hasta quedar sólo con una compacta ráfaga de chicharras a las que siguieron más serpentinas y, por último un bombardeo de trueno en tres pequeños golpes muy interesantes. Como rúbrica final, una última volcanada de chicharras y un hermético golpe de trueno.

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Texto publicado en la columna de crítica 'EL ANÁLISIS' de la mascletá, en las ediciones en papel y web del Diario Levante-EMV (líder en difusión y ventas en la Comunidad Valenciana), del que el director de este portal es crítico de pirotecnia desde 2014:

Mikel Pagola Erviti (Diario Levante-EMV)

¡Qué monada de mascletá la de ayer! Esto es una demostración de cómo hacer bien las cosas y de tenerlas claras. Los Hermanos Caballer, de Almenara, José Vicente y Jorge, nos hicieron ‘Sentir’, así, con mayúsculas. Sentir la fuerza que cualquier mascletá tiene que irradiar y sentir la sensación de domino técnico que siempre acompaña a un trabajo bien hecho como el suyo.

No sólo empezaron con una traca valenciana, por educación, sino que, tras ella, reprodujeron la misma en el cielo, con serpentinas de truenillos, para el público más lejano. Todo un guiño doble, inédito, a los albores de la mascletá: traquita en el suelo con una imitación de traquita reproducida en el aire. Nadie había hecho eso hasta ahora. ¡Qué atrevimiento! ¿Que queríamos traca? Pues toma: dos tazas.

De ahí pasó a hacer un inicio digitalizado donde destacó la continuidad en la realización de movimientos (rondando la plaza para un lado y para otro), y el juego de ritmos con la arriesgada combinación de ruidos y silencios (espacios ‘vacíos’ tras los tiros o propulsiones en el suelo y la ejecución de los efectos). Todo esto estuvo genial pero no me entretengo aquí (salvo diciendo que se jugó con relámpagos) porque hubo más cosas también clavadas: casi durante todo el disparo hubo picos sonoros (truenos del nº 6) en el suelo, a modo de antiguas ‘cantarellas’, que imponían su hegemonía sobre el resto del disparo, reinando sobre una mascletá bien construida y que ganó cuerpo con solemnidad.

Lo más difícil, la entrada al terremoto (lo que sería el ‘entrar a matar’ en la suerte taurina), Hermanos Caballer lo bordó. Entrando con cinco ramales espoletados (con truenos que explotaban con retardo), logró, creo, la mejor unión cuerpo-terremoto, de la feria fallera. Ese instante, dificilísimo, se bordó. Y, además, venía de una quinta retención/parte que se engalanó con volcanes rojos que recorrieron la plaza parsimoniosamente.

Y, al llegar al clímax terrestre, no sólo no quitó sino que reforzó el acompañamiento del aire con truenillos, subrayando este momento de consagración suprema de la mascletá. Lo había anunciado antes y lo cumplió. Esto se hizo, en teoría, pensando en el público lejano, sí, pero logró, en el cercano, una sensación de plenitud pocas veces vista en esta plaza: todo funcionando, arriba y abajo, en el momento cumbre de la tarde pírica valenciana.

El bombardeo, quizá prematuro, al ser diferente del acompañamiento extra, quedó meridianamente diferenciado de él, logrando lo que José Vicente Caballer quería: distinguir claramente ambas ejecuciones aéreas, sin mezclarse. El bombardeo, clásico, anticipó un final digitalizado en el que los geniales y repetidos golpes de truenos en el aire, machacones y marcadísimos, nos hicieron sentir pequeñitos. Palabras mayores en esto de la pirotecnia. Un nimio fleco último, no más, es lo único que puedo nombrar siendo malo.

Todo, el resto, como si fuera poco, dominado por completo, condensó pirotecnia a raudales. ¡Así se hace!

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Video:

Pinche sobre la imagen superior para ir al VIDEO.

 

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Reportaje fotográfico:

Jorge y José Vicente Caballer Villacañas, de Hermanos Caballer.

 

José Vicente Caballer Villacañas con su padre, José Caballer Ramírez.

 

Equipo de montaje de la magnífica mascletá de Hermanos Caballer en las Fallas 2014.

 

 

 

 

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DATOS: