El viento jugó anoche en contra de la pirotecnia Apogée, desplazando el humo hacia la Platja del Miracle y ocultando parte de los efectos. Pero esto no debe ser excusa a la hora de valorar la colección de fuegos mostrada.
La estructura general del disparo resultó repetitiva. Se compusieron secciones demasiado largas y lentas para la calidad de los efectos mostrados que, en muchas ocasiones, pecaron de extrema sencillez.
Las secuencias arrancaban sin formar fachada, sólo con los efectos de carcasas. En un segundo momento se añadía una base de candelas, formando fachadas a dos alturas.
En repetidas ocasiones disparó carcasas de sección, tanto de cambios como japonesas. A algunas de ellas les construía una base con un barrido digital, aunque la conjunción de efectos no llegó a cuajar. Por otra parte, estas piezas de lujo no se agruparon en pequeños conjuntos, sino que se dispararon intercalándose de manera fragmentada en el conjunto, no alcanzándose una buena cadencia rítmica. Debido a esto, el disparo quedó ciertamente desestructurado, enfatizándose este hecho por la decisión de cambiar de efectos para rematar las secuencias, muchas veces sin mantener relación con lo anteriormente visto en la misma.
Hay que destacar algunos buenos colores, sobre todo aquéllos de la gama pastel, que se mostraban duraderos y estables.
También resultó atractivo un efecto de cartuchería que abría en torbellinos y focos de un intenso color rojo.
El final, que quedó oculto por el humo, fue en monocromo dorado con kamuros y pedrería. |